La travesía

                                                                                              Por  Angélica

Juan sentía que las fuerzas le abandonaban, el sol radiante le daba de lleno en pleno rostro; apenas podía moverse, la deshidratación y el cansancio lo estaban venciendo. Ahí, solo, desamparado, percibió la cercanía de la muerte; pero él quería vivir, necesitaba vivir, así que se rebeló contra ella y arrastrándose como pudo avanzó un poco más, pero no había nada, nadie, aún así, su voluntad le incitó a proseguir.

No supo cuanto tiempo paso, ni por donde caminó, solo advirtió de pronto que su miranda estaba puesta en el sol; otra vez.   Aunque para entonces, él ya no estaba en ese lugar, se había trasladado a su tierra, a su vida; la de antes.

Vio la cara alegre de su mujer y comenzó a andar a su lado, ella hablaba con contento de los tiempos venideros, parecía no percatarse de sus ropas desgastadas, de sus pies descalzos, de las chozas en las que vivían, de la pobreza circundante.

Su charla giraba en torno a su primer hijo, ese que esperaban, decía que si era niña no le pondría por ningún motivo el nombre de su madre: Dolores; porque había muchas cosas bellas para echarlo a perder con ese nombre, estaba el río que les proveía alimento, los árboles que les daban sombra y frutos y sobre todo, la tierra, buena, productiva.  Juan admiraba su forma simple de ver la vida, él en cambio, quería “algo mejor”, estaba arto del hambre y las penurias.

Muchos de su pueblo se iban para el Norte y progresaban; ese era su sueño.   Tras mucho meditarlo lo decidió, debía irse; juntó el dinero que tenía, pero eso no le alcanzaba ni para llegar a la frontera con México, recurrió a un prestamista y finalmente lo obtuvo, aunque con grandes intereses.  Después vino lo más difícil, hablar con su mujer, ella no entendía sus razones, si trabajaban duro podía irles mejor, no debía irse, no en las vísperas del nacimiento de su primer hijo.  No lo entendió y salió para comenzar su travesía.

Lo primero fue cruzar la frontera con México, llena de pesares, objeciones y vejaciones; luego cruzó todo el país y fue de malos tratos a trato inhumano, los  “transportes” de los “polleros” eran pésimos; el peor fue un tramo como de 300 km. donde iban 17 personas todas apretadas en el pequeño hueco de un camión rebosante de piñas –eso le hizo pensar en los camiones que transportaban puercos, todos amontonados y lastimados, sin que nadie se compadeciera de ellos–.   Al fin la frontera, Tijuana; pero ahí también estuvo difícil, la migra muy alerta y activa les impedía pasar; espero cerca de un mes para poder cruzar; al fin, llegó el día.

De pronto sintió una luz lastimando sus ojos, era una linterna, de algún modo llegó a un cruce de caminos;  alguien se detuvo, lo revisaron y al ver que estaba vivo lo recogieron con cuidado y se lo llevaron.

7 respuestas a La travesía

  1. caskabel dice:

    Hola Angélica,
    Me gustó la travesía pero en el camino(exactamente cuando empieza a hablar sobre “muchos de su pueblo se iban para el Norte”),sentí que los detalles de la narración iban en descenso y luego que el final fue muy pronto y escueto. Creo que tienes buen material que se puede afinar. Saludos.

  2. Alisma dice:

    Hola, Angélica:

    Me gusta como se va desarrollando la historia pero coincido en que el final es un poco apresurado y, por lo mismo, no queda muy claro. También me confundió un poco que en el penúltimo párrafo empiezas con “Lo primero fue cruzar la frontera…” y después narras lo que le pasó hasta llegar a Tijuana como si esto hubiera sucedido después de cruzar; tal vez sólo sea cosa de omitir lo primero.

    Saludos😉

  3. dubriel dice:

    Hola Angélica:
    Me gustó tu historia.
    En relación con el inicio del penúltimo parráfo: “Lo primero fue cruzar la frontera…”, yo le entendí que cruzó de Centroamérica a México, ¿Así es?.
    Saludos

    • Alisma dice:

      ¡Ah, vaya! Sí, es verdad, muy, muy probablemente es así… de ser ese el caso, tal vez sólo con hacer alguna referencia al inicio para que el lector esté ubicado durante la historia porque para el momento en que se hace mención, el lector -o sea yo, ji- ya formó todo el contexto en que se desarrolla.

      O bueno, igual y es parte de la estrategia del texto… mmm… sí, tal vez.

      Alisma😉

      • Alisma dice:

        No, no, no, Angélica, borra todos mis comentarios, de verdad que estos días he sido un gran despiste. Ya lo volví a leer y noté lo que debí haber notado desde la primera lectura… claramente no están en México y sí lo indicaste. My mistake…

        Saludos avergonzados😉

  4. Hola. Sigue mi ronda de comentarios.

    En este caso la primera parte del texto me gusta más que la segunda, porque se ve bien la angustia del personaje y su sufrimiento. Los recuerdos que nos permiten entender cómo llegó hasta donde está me parecen interesantes y necesarios, pero se pierde la tensión lograda al comienzo. Esto se debe, creo, a que la narración se vuelve mucho más pausada y a la vez se alarga mucho más que la escena inicial. Tal vez se podría corregir esto saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, es decir, alternando fragmentos del presente del hombre con fragmentos de su pasado de manera que no todos los antecedentes se dieran de un golpe.

    Recomiendo un par de textos como referencia: “El hombre” de Juan Rulfo y “Las moscas” de Horacio Quiroga. Ambos son muy distintos de tu texto (en especial en sus finales) pero tienen descripciones del sufrimiento que podrían servirte. El segundo se puede leer aquí: http://www.scribd.com/doc/6985946/Quiroga-Horacio-Las-Moscas

    Un detalle: ¿cuánto tiempo le toma al personaje recordar las causas de su problema actual? Cuando comienza es de día, bajo un sol quemante, y al final de la historia es de noche.

    Saludos y seguimos.

  5. Eduardo De la Rosa dice:

    Hola Angélica, para mi el tema da para mucho y el principio es perfecto para crear una tensión dramática, pero como que se va perdiendo esa tensión y coincido con que el final es muy abrupto. Saludos, Eduardo. P.D. arto creo que va con “h”

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