Dualidad

 

Alisma

 

El despertador sonó.

Los rayos del sol entraban a contraluz por la ventana. Con flojera trataste de apagar la alarma, pero algo pasaba y al querer estirar el brazo éste no te respondía. Intentaste mover la pierna. Nada. Los nervios empezaron a devorarte. Te sentías muy agitada y sin embargo, tu corazón permanecía tranquilo. Dirigiste la mirada hacia tus brazos y no los reconociste.

De pronto, sentiste que las piernas se movían y ese cuerpo extraño se levantó sin prisas, deslizando unos diminutos pies a través de la habitación. Cuando llegaste a la puerta, ésta se abrió y alguien entró al cuarto.  

– ¿Todavía no te vistes? Apúrate que vamos a llegar tarde.

Quisiste levantar la cara pero no pudiste, en su lugar bajaste la vista y tu mirada se concentró en las manos de uñas pintadas que se encontraban frente a ti.

– No quiero ir a la escuela – se quejó una voz. Sorprendida, te diste cuenta de que esa aguda vocecita de niño salía de ese cuerpo compartido.

– Nada, a vestirse – te urgió la mujer dándote un empujón en la espalda y se dirigió a sacar un pantalón y una camisa.

– No, ésa no, la de Spiderman – suplicó el niño.

– ¡No, a la escuela no puedes andar llevando la de Spiderman, tienes que ponerte el uniforme!

– Pero mami, no quiero…

– Bueno pero que no entiendes, te estoy diciendo que tienes que ponerte uniforme, no te estoy preguntando si quieres ponértelo.

Sentiste los ojos humedecerse; no llores por favor, le pediste.

– Pero, mami…

– Póntelo.

– Mamá, es que no puedo ponérmelo.

– ¡Cómo que no puedes, ya tienes casi cinco años, por el amor de Dios!

– Mami…

– Mami, nada, te lo pones y ya. Cuando termines bajas a desayunar.   

Y salió de la habitación.

Deseabas dejar de comprender el dolor de esos ojos saturados de lágrimas; sollozos entrecortados te llenaban el corazón. Advertiste el contacto de las pequeñas manos limpiándose las mejillas. De inmediato, un fuego empezó a recorrerte, un lamento se extinguió en las llamas y sólo quedó el dolor de una cortada en el pecho.

– Yo puedo solito.

La angustia del pequeño te dolía más que la herida en su corazón. Querías hablarle, pero tus pensamientos no se cruzaban con los suyos. Querías abrazarlo, pero tus brazos eran los suyos y no respondían a tus órdenes. Sólo podías observar.

Tomó la camisa, se la puso y al tratar de abrocharla, los botones se le escaparon. Aumentaron los sollozos. Después de varios intentos, logró ponerse el uniforme. El pantalón quedó de lado y la camisa salida de atrás, pero al fin esas manos lo habían conseguido. Su cara dibujó una sonrisa triunfal y te alegraste por él.

– ¿Pues qué tanto haces? – aulló a lo lejos la voz de la madre.

La sonrisa se extinguió, tomó su mochila y bajó corriendo las escaleras.

– ¡Mira nada más cómo vienes! Hazte para acá. No es posible que ni esto sepas hacer bien – y explotó en una inmensa letanía: que si nadie se fijaba en lo que ella quería, que si él y su papá pensaban que ella estaba nada más para serviles, que qué se creían, que si todo les importaba para puritita fregada, que las cosas no son así, no, pero que de eso sólo se daba cuenta ella y casi comenzó a llorar.

Él no entendía nada de lo que le decía, pero experimentaste cómo su alma se llenaba de caridad hacia ella. Quería consolarla pero no se atrevía ni a mirarla, sólo atinó a extender el brazo para acariciar los dedos de su mamá. Al hacerlo, ella le dio un manotazo; la tristeza volvió al pequeño cuerpo.

– ¿Y tu lonchera?

-Aquí está – murmuró mientras se volvía para alcanzar algo-, aquí estaba.

– Aquí estaba, aquí estaba… ve a buscarla y más te vale que no me salgas con que no la encuentras.

Trataste de percibir lo que el niño sentía. No encontraste coraje, ni tristeza, ni dolor, sólo hallaste un vacío aterrador en su alma. Odiaste a esa mujer por ser insensible y egoísta.

Con la mirada fija en el suelo, se dirigió hacia la sala; ahí encontró su lonchera. Al tomarla, la abrazó con fuerza. El vacío iba cediendo y en su lugar, un sentimiento cálido te envolvió. Sentiste como él sonreía de regreso a la cocina.

El niño se detuvo delante de una foto en el pasillo. Levantó su manita para acariciar el marco y murmuró viendo a su mamá por primera vez a la cara:

– Ya te llevo la lonchera, mamita. No la perdí, ya puedes estar feliz conmigo.

Tus ojos se detuvieron en la imagen; una mujer vestida de blanco te miraba radiante desde la pared. Esta debía ser la peor pesadilla de tu vida. Querías despertar, tenías que hacerlo.

La mujer que sonreía en el retrato eras tú.

18 respuestas a Dualidad

  1. Alisma dice:

    Hola a todos:

    De antemano una disculpa porque creo que este texto no cumple al 100% con el ejercicio. Hoy intenté hacer otro pero un terrible dolor de cabeza me complicó un poco la labor.

    No hay excusa que valga, lo sé, de todas formas ahí se los dejo.

    Qué triste escuchar el tic-tac tic-tac del final del taller.

    ¿Para cuándo el otro? Ji…😉

  2. Fernanda dice:

    A mí me encantó Alísima, me gustan las historias sobre sucesos misteriosos o casi fantasmagóricos y el tuyo tiene mucho de eso. Me dejó una sensación entre la versión materna de Gregorio Samsa y el ángel de la guarda. No entiendo por qué crees que este texto no cumple a cabalidad con las instrucciones del ejercicio, a mí me parece que sí. Creo que en el taller has sido la más pulcra en cumplir a detalle con las instrucciones.

    Ciertamente, como diría Elvis: “And now, the end is near…” Pero ha sido un verdadero placer compartir contigo este taller y aprender de todos.

    Un beso

  3. Hola a todos.

    Este cuento de Alisma, de hecho, tiene una forma clásica en la que sólo faltaría el detalle de la revelación “anunciada”, que como recordarán puede estar pero también puede puede no estar: no necesariamente debe darse como en el cuento de Villiers.

    Más aún, me parece que es suficientemente contundente el descubrimiento de quién es la persona en el retrato, que por no explicado se vuelve más inquietante…, aunque debo confesar que me parece un poco nebuloso el lugar que ocupa, en la existencia del niño, la persona que ahora comparte su mente: supongo que cuando el niño dice “Ya te llevo la lonchera, mamita”…, habla más bien a la mujer que lo ha regañado, pero podría quedar más claro. Por lo demás, este detalle me parece el único imprescindible por agregar.

    (Una recomendación: “La cena” de Alfonso Reyes: http://es.geocities.com/literearte/cuento/la-cena.htm)

    Hay que revisar, además, la puntuación. Por ejemplo, el remate: “La mujer que sonreía en el retrato, eras tú” debería ir sin coma; en general el sujeto y el predicado de una oración no se separan con comas a menos que se introduzca entre ambos una acotación: escribir “Juan, que estaba todavía con sueño, abrió la puerta” es correcto, pero no lo es escribir “Juan, abrió la puerta”.

    Todavía no comenzaré con las despedidas…, así que saludos y seguimos…🙂

    • Alisma dice:

      Hola, maestro:

      Un alivio que no estuviera tan alejado del ejercicio.

      Ya corregí la puntuación de la frase final, pero tengo una pregunta: si yo lo que pretendía era un efecto como más pausado -si es que esto es posible- en la revelación, por ejemplo:

      La mujer que sonreía en el retrato (aquí algo así como un pausa para después seguir) eras tú.

      ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Necesitaría redactarlo de otra manera? Es que eso quería y por eso puse la coma, pero entonces, ¿cómo lograrlo? ¿Si lo dejo sin la coma es posible leerlo así? Pregunto porque en mi cabeza yo hago la pausa y lo ¡peor! Al leerlo en voz alta también (¡upps! De otra forma lo siento muy de corrido), aunque claramente veo que es un error.

      Bueno, ji, después de este soliloquio, pensaré cómo redactarlo o igual que se quede sin la coma.

      Muchas, muchas gracias😉

      • Fernanda dice:

        Creo que puede solucionarse con algo más o menos así:

        Tus ojos se detuvieron en la imagen; una mujer vestida de blanco te miraba radiante desde la pared. Ésta debía ser la peor pesadilla de tu vida. Querías despertar, tenías que hacerlo. Reconociste a la mujer que sonreía en el retrato: Eras tú.

      • Alisma dice:

        ¡Yei!

        Y gracias por tu norte… mi adolorida cabeza lo valora muchísimo.

        Un maravilloso trabajo en equipo, un increíble taller.

        Abrazos😉

      • La solución de Fernanda me parece buena, Alisma, porque introduce una pausa (los dos puntos) de modo natural. Esas cuestiones de entonación siempre son un problema, en cualquier caso…

        Saludos.

  4. caskabel dice:

    Alisma:
    Tu cuento, además de cumplir con el objetivo es absolutamente dulce. Al leerlo sentí un aire refrescante luego de este agitado tiempo. Si el taller fuera todo un gran relato con estructura clásica, tu historia sería algo así como la revelación anunciada -de la cual habla Alberto- en la cual presiento que este espacio nos dejará a todos grandes satisfacciones.
    Un abrazo.

    • Alisma dice:

      Hola, Alejandra:

      Muchísimas gracias por todos tus comentarios durante el taller.

      Y sí, coincido contigo en que todos nos llevaremos muchas satisfacciones y un gran aprendizaje.

      Abrazos😉

  5. lizzava dice:

    ¡Me dieron ganas de llorar!, tal vez es que soy especialmente sensible a las historias en las que hay niños involucrados, pero realmente me hiciste sentir la tristeza de ese pequeño.
    A mí, como a Alberto, me confundió la parte del portarretrato y la otra mujer. No lo entendí muy bien.

    • Alisma dice:

      ¡Hola, Liz!

      Ahí te va una explicación que no debo dar, ji, porque la historia debería quedar clara por sí sola, pero déjame te cuento que la mujer de la foto es la misma que la que está en la mente del niño pero un poco a futuro.

      Ella nunca se reconoce porque no ve nunca su cara, sólo observa lo que el niño se atreve a ver de la mamá durante el cuento (sus manos, por ejemplo) y al final, cuando el niño dirige su mirada a la foto es cuando la mujer en su mente ve por primera vez a la mamá y se da cuenta de que es ella.

      Ja, pues eso es, pero trataré de que quede un poco más claro.

      Saludos😉

  6. ange1ica dice:

    Hola Alisma:

    Me encantó tu historia, es dulce y logra transmitir los sentimientos del pequeño, me atrapo desde el principio; solo que me paso lo mismo que a Liz, no terminé de entender quien era la mujer de la foto ¿la mamá?, pero si era la mamá ¿quién era la otra mujer; la madrastra?; perdón, me hice bolas.

    En cuanto a tus ejercicios, opino lo mismo que Fernanda, te apegaste a las instrucciones del curso y fueron muy buenos, muchas feliciades.

  7. nierikadeldesierto dice:

    Alisma:

    Está muy bonita la historia. Te felicito.
    Creo que te pusiste bien en el lugar de un niño que padece ante los reproches de sus padres. A veces la gente no se da cuenta de qué tanto esfurzo hacen y parece que los adultos esperan más de ellos. En lugar de eso, hay que motivarlos, cada paso que dan es un logro (aunuqe se pongan la camisa medio salida). Esa parte me causó tristeza.

    y yo lo que entendí fue que la regañona era en efecto la madrastra, (igual que Angélica), pensé que quizá la madre había muerto y el esposo se había vuelto a casar con otra. Y que la madre muerta estaba viviendo en el cuerpo de su hijo, como un alma que lo cuidaba o algo así.

    Eso de que era en un futuro a mi no me queda claro, quizá para eso sí deberías hacer alguna mención o algo.

    Pero eso es lo de menos. Tu texto está muy padre!

    Saludos,

    Ana

    • Alisma dice:

      Hola, Ana:

      Ji, sí, creo que tendré que hacer alguna referencia, especialmente a la hora del retrato.

      Pero no sé que tanto énfasis ponga en el asunto porque me encanta la manera en que cada uno de ustedes lo interpretó… como que siento que es historia mía, pero a la vez suya.

      Saludos y un abrazo😉

  8. Eduardo De la Rosa dice:

    Hola Alisma, Felicidades, me gustó mucho la historia, sobretodo el final. A mi me pareció muy claro y te deja volar un poco la imaginación, ya que podrías pensar varias cosas. Que es la madre en un sueño de arrepentimiento por el maltrato a su hijo, o una madre con un “flash back” al pasado, o una madre que se muere o esta muriendo y se da cuenta de lo gandalla que ha sido con su hijo. En fin, creo que este es uno de esos textos que el lector le puede poner el final que quiera o se imagine. Solo un detalle: al principio cuando dices que se agita pero su corazón esta bien, no me explico como puede ser eso, ya que cuando uno se agita el primer síntoma es la taquicardia o el ajetreo del corazón, especialmente cuando esta uno soñando.

    • Alisma dice:

      Hola, Eduardo:

      Lo que sucede es que en esa parte del cuento ella todavía no se da cuenta de que se encuentra en un cuerpo ajeno, entonces, al intentar moverse y no conseguirlo comienza a agitarse, pero su corazón, que físicamente es el del niño, permanece tranquilo.

      Ji, eso es… espero no haberte confundido aún más.

      Saludos😉

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