Ingenuidad

Dubriel

San Pedro es un pueblo rural que se encuentra en un pequeño valle rodeado de montañas de poca altura. En tiempos de lluvia, los campos se colorean de  verde por  los cultivos de maíz. Por las mañanas, cuando empieza a salir el sol,  los campesinos se dirigen a sus parcelas, algunos en carreta y otros a pie, seguidos de perros que ladran a las bicicletas. En las casas se escucha el cantar de los gallos y el sonido del hacha al partir la leña.

Los niños con sus morrales se dirigen a la escuela, unos a la primaria y otros a la secundaria.

En la población se encuentra una escuela telesecundaria donde tres profesores  se esfuerzan por sacar adelante a sus muchachos.

Un día, Justino se acerca al director  y tímidamente le dice:

-Profe en mi grupo hay un niño que anda vendiendo mariguana.

-No digas eso que es cosa seria no es para andar chanceando.

-Si es cierto maestro.

-¿Y tú como sabes? que ¿Ya te la ofreció?

-Sí, mire anda vendiendo también las semillas esas cuestan cien pesos.

-Y para que quieren las semillas.

-Es que las siembran en el monte y luego ya  venden.

-Mira vamos a hacer lo siguiente vas con tu compañero y le dices que nadamás tienes ochenta pesos y cuando te la venda te fijas bien donde la guarda.

Justino fue presuroso y cuando regresó le dice:

-Profe ya se donde la tiene, está enterrada en el jardín atrás de los sanitarios.

El profesor llamó al denunciado pero este lo negó hasta que finalmente confesó y dijo que había más de diez niños que  la fumaban; le dio los nombres.

El profesor llamó a los padres y convinieron en que todos los niños involucrados los tendrían que llevar al municipio para recibir un tratamiento contra las adicciones, y solo así, podrían permanecer en la escuela. En cambio, a Justino, se le enviaría a la secundaria directa del municipio y su mamá se encargaría de vigilarlo y dar un reporte a la telesecundaria.

La mamá de Justino era una campesina analfabeta, indígena y por supuesto muy pobre. No le quedó más remedio que aceptar las condiciones.

Cada mes ella acudía a la telesecundaria para informar de los avances de su hijo en la otra escuela. Un día dejó de dar los informes.

Pasado medio año regresó y contó lo siguiente:

-Maestro venia yo a dicirle que no he venido porque me cayó una de malas…

-¿Pues que le pasó? -Le preguntó el profesor intrigado.

Vaste a creer que un día me dijo mi comadrita que layudara yo a echar las tortillas quesque tenía invitados a comer y en eso stábanos cuando ¡Ay mamacita! que veo los guachos alridedor de la casa, y pos luego nos llivaron presas.

-Ya ve yo le dije, fue por lo del Justino, ¿Verdad?

-No, donde vausté acrer, es que mi comadrita tenía migrantes y por eso nos agarraron  y nos llivaron a la cárcel. Quesque traficábamos con personas.

El profesor sintió pena por la señora y buscaba palabras para consolarla porque seguramente que la cárcel había sido un duro golpe para ella. Quería explicarle que en México la justicia no era para los pobres. Sus pensamientos fueron interrumpidos súbitamente por la emoción de la señora:

-¡Pero la cárcel me gustó! Porque vausté acrer que nos daban de comer ¡Tres veces al día! y cuando lligamos que me abrazan y hasta regalos me dieron, yo no sabía del día de la mujer y pos luego me dieron clases y me dijeron que yo tenía derechos, las siñoritas me dijieron eso, y que naiden me debía pegar, desde entonces ya no me dejo de naiden.

9 respuestas a Ingenuidad

  1. Dubriel, como en el caso de Fernanda hace un par de días, esperaré a que otras personas comenten primero para luego hacerlo yo. Esto lo hago para no predisponer las primeras opiniones.

    Saludos y hasta pronto.

  2. caskabel dice:

    Hola Dubriel,
    Pude ver claramente el planteamiento y el desarrollo de tu cuento. Vi además que el protagonista al inicio era Justino y sentí que lo termina siendo su madre. Sería interesante pensar si eso rompe ya con la estructura clásica.
    Saludos,
    Alejandra

  3. dubriel dice:

    Hola Alejandra:
    Leyéndolo con mas calma me parece que sí, creo que debí mencionar a la mamá al principio.
    Gracias por tu observación.
    Saludos

  4. Fernanda dice:

    Concido, Dubriel, con la opinión de Alejandra en lo que al cambio de protagonista se refiere, pero también en el tono de lo narrado, a mi parecer (y desde luego exagerando) comienza como publicidad de Calderón y termina como comercial de Andrés Manuel. No quiero decir que no me gustó, al contrario, creo que está muy fluido y bien escrito, pero lo siento en un tono muy publicitario o complaciente, lejano a la neta.

    Creo que el mundo rural en México, principalmente en las zonas donde el narco está pesado, vive una realidad bien compleja. Una realidad que, incluso, ha distorsionado la noción que la gente de esas comunidades tiene del bien y del mal (donde el narco es el chido, el héroe, la aspiración y el malo es el soldado, el represor), de modo que las relaciones entre la gente, niños, padres, maestros, autoridades y demás, se da alrededor de muchos sobreentendidos y con muy poca ingenuidad alrededor de la producción de mota. Por otro lado, los reclusorios, a pesar de las tres comidas al día, no dejan de ser un infierno, sobre todo para la gente pobre que, además, es siempre la que más tarda en salir (no se explica por qué salió tan rápido la mamá de la peni).

    En fin, creo que el texto como tal está bien, pero me provoca conflicto el que se note la distancia del narrador con la realidad del tema.

  5. ange1ica dice:

    Hola Dubriel:

    Abordaste un tema conflictivo que cuesta trabajo poner en su verdadera dimensión; pero hacia el final cuando la mamá habla estas tratando de otro tema igual de problemático que el primero, definitivamente se pueden mezclar pero no vi muy clara su unión.

  6. Hola a todos. En este caso me voy a atener estrictamente a la parte de la forma del texto, porque en el fondo tengo dudas parecidas a las que se han planteado ya. En cualquier caso, el sentido último de lo que contamos es de lo que queda más allá del trabajo de taller; puede ser objeto de discusiones diversas (política, ética, etcétera) pero un texto no es mejor si concuerda con nuestras ideas ni (aunque duela) es peor si está en desacuerdo. (Ejemplos extremos de esto son grandes escritores que defienden causas indefendibles, como Louis F. Céline o Ernst Jünger.)

    Creo que el problema principal de este texto es que se cambia de personaje central, en efecto, pero no tanto por el cambio en sí sino porque nada en el texto nos permite habituarnos al cambio: poco después de que sucedió ya terminó la historia, y no queda la impresión de que desde el principio íbamos a pasar de él a ella. Tal vez el comienzo podría ser más apretado, con menos consideraciones dadas por el narrador. Otra posibilidad más loca: ¿y si el texto diera más de un salto de un personaje a otro? De ese modo el recurso se vería más claramente como algo deliberado.

    Saludos y seguimos…

  7. nierikadeldesierto dice:

    Hola Dubriel:

    Además de lo que ya te han comentado, yo tuve otra duda. Primero dices que Justino fue el que acusa al “dealer” ante el director, y luego resulta que Justino era el que vendía… Ahí creo que te hiciste bolas con los nombres.

    A mi también me cuesta trabajo ver en la mujer una actitud como la que adquiere después de haber estado en la cárcel. Por más ingenua que fuera, y por más que nunca hubiera oído hablar de derechos humanos, no creo que no fuera más lista (que no tiene nada que ver con falta de ingenuidad) como para darse cuenta de muchas cosas.
    Aparte costumbres muy arraigadas no se quitan de la noche a la mañana porque alguien le hable de derechos humanos. Quizá si hubiera pasado más tiempo o hubiera vivido varias experiencias difíciles que la llevaran a cambiar de opinción, estaría más sustentada esa idea.

    Ah y otra cosa. En muchas comunidades indígenas, el cultivo y venta de la mariguana es una posibilidad de sustento económico. No la tienen tan prejuiciada como en las ciudades. Unos fuman, otros no, sólo la venden. Pero no necesariamente la ven mal. No como para madarlos a rehabilitación. Sólo que los maestros fueran importados de grandes ciudades con una educación más derechista, se escandalizarían como para rehabilitarlos, pero creo que una escuela rural no sería fácil que llegara a tanto.

    En fin, igual es sólo opinión personal.

    Saludos,

    Ana

  8. dubriel dice:

    Hola a todos, efectivamente los desaciertos en el cambio del protagonista y el nombre de uno de ellos se aprecian en una primera lectura.
    Gracias por hacérmelo notar.
    Discrepo de la opinión, en relación con el narcotráfico y los maestros que trabajan en escuelas rurales, pero aquí no sería el foro adecuado para debatirlo me quedo con esto: “En cualquier caso, el sentido último de lo que contamos es de lo que queda más allá del trabajo de taller; puede ser objeto de discusiones diversas (política, ética, etcétera) pero un texto no es mejor si concuerda con nuestras ideas ni (aunque duela) es peor si está en desacuerdo. (Ejemplos extremos de esto son grandes escritores que defienden causas indefendibles, como Louis F. Céline o Ernst Jünger.”
    Saludos

  9. Eduardo De la Rosa dice:

    Hola Dubriel, pues al parecer ya todo se ha comentado. Solo quisiera agregar que no pude identificar la tensión dramática. Saludos, Eduardo.

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