Humo blanco

Por Fernanda

Cuando me pongo a fumar me olvido de todo, pero también es como mejor me acuerdo. Ande jefecito, nomás saque para otro gramo y mientras nos lo chingamos yo le sigo platicando todo, acá, entre caballeros. Verá que así, con piedritas, hasta lo más culero sale, como si le untara manteca. Así usted se va con su historia. ¿Yo? No se preocupe por mí, yo me quedo lidiando con mis chamucos, pero al menos con el humito los pongo contentos. Ande, saque trescientos varitos y yo me encargo ¿Qué tanto es tantito? ¿Sí? ¡Chido! Entonces póngase cómodo jefe y prenda pues su aparatito ¿Ah, ya está prendido?

 Bueno, lo que usted quiere saber, comenzó cuando a mi vida se le retorció el rumbo. Acá donde me ve, me cae que no nací teporocho ni con la fortuna tan resbalosa. Es más, le voy a enseñar una foto mía tomada hace diez años, verá como no me reconoce. Acá la tengo, ande mírela, aquí está. Sí, de verdad soy yo ¿El traje? Siempre vestía de traje en ese tiempo. Ella es mi esposa, la madre de mis hijos. Claro, la quise como se debe querer a la madre de los hijos de uno: con los huevos y con las congojas. Nos conocimos de muchachos, allá en Puebla. Nos venimos acá porque yo estaba decidido a ser doctor y ella a seguirme a donde fuera. Cuando me hice médico, ella se hizo mi esposa, cuando me convertí en cirujano ya me había regalado dos hijos hermosos, una niña y un muchacho. Ya era neurocirujano cuando mi niño se tituló de ingeniero. Se veía tan chulo el grandísimo cabrón. Tenía veintitrés años ¿sabe? Estábamos muy contentos, celebrando en mi casa, cuando llamaron a la puerta. En cuanto abrí, un muchachillo me disparó en la jeta. Creerá usted que la bala se desvió y apenas me dejó esta cicatriz en la barbilla. Eso sí, cuando desperté, lo había perdido todo. Ya no tenía mujer ni hija ni hijo. Me dijeron que dizque sobreviví al ataque de unos ojetes que asaltaban casas en esos tiempos. Yo a veces creo que lo soñé todo, que imaginé mi infancia, a mis padres, a mi mujer y a mis hijos, que jamás fui doctor, ni tuve familia, ni muertos, ni nada. Si no, por qué entonces los desgraciados no tuvieron al menos la caridad de regalarme un puto tiro de gracia. Nadie pierde a toda su raza así de un putazo ¿verdad? La cosa es que, a veces me acuerdo y además sé cosas de doctores, entonces me doy tinta de que de verdad pasó todo y me entra un ansia gacha. Pero espéreme, deje que me chingue otra piedrita, que no puedo hablar de estas cosas sin anestesiarme el sentimiento. Además oiga, tocaron, seguramente ya llegó el otro gramo. Ande deme los trescientos varos y espéreme aquí tantito, ahorita subo y seguimos cotorreando.

 ¡Tz! Ésta si es de la buena jefe ¿Quiere probar? ¿De veras no se echa un toque? ¡Qué bueno jefe! Con todo respeto, pero entre menos burros, más olotes. Y esta es pura cremita, oiga nomás como truena. Pero si me acepta un refresquito ¿verdad? Mire, ya se lo serví, ande tómeselo.

 Le decía, que cuando eso pasó yo valí madre. Me hice al vicio en chinga. Ni siquiera fui a sus entierros. Sabe jefecito, que no sé ni dónde chingados están sepultados ¿Para qué? ¿Para dejar flores muertas sobre sus cuerpos muertos? No, antes prefiero pensar que me morí con ellos y esperar a que eso sea cierto, esperar a que mi cuerpo se pudra entre esta mierda. El día que me los quitaron también se murió el doctor que fui, ora nomás soy un sepulturero o un alma en pena, que le está guardando la carne, para el momento en que haya que enterrarla, quemarla o tirarla a la basura.

 ¿Dinero? Sí, claro que tenía dinero y madre y media. Lo vendí todo: coches, bienes y una casa muy chula allá en Satélite. Me deshice de todo a un precio muy por debajo de su valor. No saqué ni un millón de pesos por mis cosas. ¿Qué hice con la lana? ¿Pues de qué cree que he vivido todos estos años? Se gasta poco cuando se tiene costumbres de teporocho: una botellita del de noventa y siete o un pomito para activar y con eso basta cuando el alma pide su alimento. ¿La piedra? No, cómo cree, estos manjares nomás cuando hay algún jefecito generoso, que los patrocine.

 Ah bueno, le entro a todo, porque le he ido probando poco a poco. Ha de saber que por un tiempo hasta fui dealer. Vendía una mercancía poca madre, era el mero bueno del activo, lo tenía hasta de sabores. La gente en el barrio me fue conociendo y les caía de variedad. Como no me metía a la mala con nadie. Hasta me inventaban historias, decían que era licenciado, que mi vieja me había dejado y que por eso me tiré al vicio, también decían que ella me había puesto los cuernos y que como yo la había ahorcado, me volví loco. Hasta llegaron a inventar que yo había sido portero del Necaxa, pero que me hice vicioso ¿Se imagina? Cuando vendía activo conocí a mucha gente y a veces me juntaba con ellos.

 Una vez, vinieron unos güeyes de la Morelos. Como de la edad que ahora tendría mi muchacho y les vendí unos botes. Me cayeron simpáticos y los dejé quedarse a activar conmigo. Se pusieron bien chidos con el material que les di y empezaron a soltar la lengua. Eran trácalas. Ya llevaban muchos años asaltando casas y no los habían apañado. Se cuidaban eh, ya no eran atrabancados como al principio, cuando entraban con las fuscas por delante, como aquella vez en la casa de un doctor que les abrió todo espantado y se les fue el tiro. Tuvieron que chingarse a toda la parentela, por el desmadre que se armó cuando cayó el viejo ese. Neta que se oían arrepentidos de eso, que no lo habían hecho a propósito. Se les notaba la pena en los ojos cuando contaban como fue que le dispararon a cada miembro de esa familia.

Eran buenos muchachos después de todo, como muchos en el barrio. Es gente que hace para vivir lo que ha visto a todos hacer desde la cuna. No llevan odio, ni rencor, hacen lo suyo como un trabajo, igual que el dentista taladra muelas o el plomero destapa escusados, ellos empuñan armas y jalan gatillos. De verdad que en ese momento los perdoné, nomás por eso les di un poco más de mi mejor mercancía y cuando se la terminaron, les di a aspirar de una botellita especial: puro cloroformo.

Una incisión de dos centímetros entre el cuello y la espalda de cada uno, un desarmador bien desinfectado, hilo y aguja, fueron suficientes. Cuando despertaron, ninguno de los tres podía ya mover nada del pescuezo para abajo. No jefe, de veras que ya los había perdonado, nomás decidí ayudarlos a salvar sus almas, quitándoles los pecados de sus cuerpos. La lengua se las corté sólo para que me guardaran el secretito ¿Qué si alguien más sabe lo qué hice? No jefe, cómo va usted a creer, capaz que si alguien se entera me meten al bote o a la casa de la risa, que pa’l caso, es lo mismo. ¿Por qué se lo dije a usted? Ah bueno, usted no es el primero a quien le cuento esta historia, pero habrá de ver cómo soy de habilidoso para encontrar el modo de evitar que a quien se lo platico ande por ahí regando el tepache, pero dígame jefe ¿Qué tal su refresquito? ¿De veras? ¿Se siente mareado?

17 respuestas a Humo blanco

  1. Fernanda, leo tu texto y anoto varias cosas, pero esperaré a que algunos compañeros hayan comentado antes de hacerlo yo mismo. Saludos…

  2. Fernanda dice:

    Caramba, pues qué rápido.😛

  3. dubriel dice:

    Hola Fernanda, tu relato me mantuvo expectante hasta el último momento, cuando el doctor los perdonó interiormente yo deseaba que les hiciera algo más para que se les quitara lo vil. Lo vi muy generoso. Después cuando los deja paralíticos me dije ¡Qué bueno! tomó venganza. Luego les mutiló la lengua y entonces pensé; ya se pasó de la raya. Para qué se ensaña.
    Con las frases finales me di cuenta que él se había convertido en alguien muy malo.
    Muy buena historia.
    Tengo una duda: ¿Cómo se dónde poner el límite de hechos que mantienen la atención del lector? haber si me explico, en este caso pudiste agregar “les arrancó las uñas de los dedos”, “les prendió fuego” o cualquier otra cosa, pero no lo hiciste. ¿Cómo te das cuenta de que ya es suficiente o de que puedes agregar algo más?
    Saludos

    • Fernanda dice:

      Muchas gracias por el comentario Dubriel. Creo que sí, al final ya se le había safado un tornillo al doctor. En lo personal,creo que las fronteras o los límites en los hechos al narrar se deben ir dando por la intuición y con el propósito de no dejar cabos sueltos (que no es lo mismo que soldados con diarrea ja, ja, ja). Por ejemplo, les corté la lengua para darle sentido a la idea de que los rufianes cuadriplégicos no lo denunciaran.

    • Yo agregaría también que es una cuestión de ver hasta dónde da la “realidad” de lo que se está inventando. Aunque nada sea verdad en una historia, lo que se va diciendo del mundo narrado permite que algunas cosas suenen verosímiles dentro de ese mundo y otras no. Según se practica uno va viendo hasta dónde y por dónde puede llevar a sus personajes una vez que ha establecido quiénes son.

  4. Alisma dice:

    Hola, Fernanda:

    Me gustó muchísismo la historia. Bastante diría yo.

    Lo único, y muy probablemente me equivoque, es que se me dificulta un poco creer que él era neurocirujano y ahora hable de esa manera; aunque claro que tal vez al desenvolverse en un medio como el que se plantea, es congruente que termine con un vocabulario así, no lo sé… la verdad, es sólo una opinión, algo que me hizo un poco de ruido, pero te repito: me encantó.

    Y el final, bueno, ¡excelente!

    Saludos😉

    • Fernanda dice:

      También muchas gracias Alisma, por tus comentarios. Fíjate que el personaje locochón está inspirado por una persona real. Claro, sin tragedia ni es homicida, pero es un profesionista que se le botó la canica y se hizo teporocho. De él es de quien se cuentan las historias de que si fue portero, licenciado o cornudo. Le dicen el cuervo, porque con todo y lo jodido que está, siempre es bien solemne. El caso es que, de tanto vivir en el barrio, se ha mimetizado. Algunas veces habla como poeta y usa las palabras más complicadas y domingueras que puedas imaginarte, pero generalmente ya habla como el resto de la gente del rumbo, con los mismos albures, dichos, lenguaje y hasta el tonito cantado onda Pepe el Toro. Es un personajazo maravilloso, pero prueba de que el lenguaje se aprehende (que no sólo se aprende).

      • Alisma dice:

        Hola:

        Sí, esa fue mi segunda opción -no de que lo conocieras, claro… ya he aclarado lo de pitonisa, ji- que de desenvolverse en ese medio terminara hablando de esa manera.

        Comentario al margen, ji, tengo una amiga que también recrea muy padre la manera de hablar de las personas y yo siempre me había preguntado cómo le hacía para que se le quedaran grabados los modismos de la gente que recrea en sus historias y un buen día nos contó que ella siempre cargaba con una de esas grabadoras chiquitas, se subía al transporte urbano y cuando encontraba un personajazo de esos que no se dan en maceta, se sentaba lo más cerca que podía y lo grababa disimuladamente. Un buen método, ¿no? (sobretodo para alguien tan olvidadiza como yo)… mmm… no sé ni por qué estoy contándote esto, jajaja, simplemente me acordé, ji.

        Bueno, me voy.

        Saludos😉

      • Fernanda dice:

        Ja, ja, ja. Pues sí, buena idea la de la grabadora oculta… la transcripción sería una herramienta de lujo para las noches en que una se pelea con la página en blanco y la hora de entrega se acerca sin piedad je, je… (aunque en mi caso y por lo que escribo, podría acabar hasta en el MP por eso ji, ji)

  5. Eduardo De la Rosa dice:

    Hola Fernanda, me gustó la historia, sin embargo y al contrario de algunos comentarios, creo que el lenguaje del doctor no es constante, en momentos habla como teporocho y en momentos me parece que habla muy normal. Si creo que una persona pueda cambiar mucho de acuerdo al medio que lo rodea, pero no estar entre ambos (quizás me equivoque). Por otro lado, la historia es muy interesante y con un final muy bueno, pero no sentí que el grado de tensión fuera subiendo en la trama. Por cierto, me encantó la venganza del Doctor con los ladrones, y me sorprendió mucho que se convirtiera en un asesino para poder contar su historia. Saludos, Eduardo.

  6. Fernanda dice:

    He de admitir Eduardo que su forma de hablar puede ser una debilidad del personaje, suficiente para el ejercicio, pero buen motivo tu opinión para revisarlo, igual falsearlo un poco para hacerlo más creíble. A veces los personajes más inverosímiles son justamente, los basados en personas reales, es lo fantástico de la vida. Es chistoso, pero justo con esos altibajos habla la persona en la que está basado el loquito. Por cierto, él se dice teporocho, pero realmente es sólo un adictazo, sin llegar a la marginalidad tan cañona de un legítimo teporocho. En fin.

  7. Hola a todos. Como esta relación de comentarios ya está bastante nutrida, me concentro en un asunto distinto de los que ya se han tratado: creo que la situación del personaje (que no es un legítimo teporocho, como dice Fernanda) podría decirse con algo más de énfasis en el texto, pues el personaje dice dice que dispone de dinero pero quizá podría ofrecernos más informaciones que nos mostraran lo peculiar de su situación. ¿Dónde están exactamente, por ejemplo, él y su entrevistador?

    Sobre la tensión dramática, creo que no está mal planteada, pero que el texto comienza con una velocidad mucho menor a la que acaba por tener al final, es decir, los hechos se cuentan con más detalles y digresiones al principio, y tal vez podrían “apretarse” un poco. De ese modo quedaría más contundente el par de vueltas del final, en el que hay tres golpes seguidos: a) el personaje encuentra a sus asaltantes sin que ellos lo reconozcan, b) el personaje les da un castigo terrible y c) el personaje va a matar a su escucha. En el fondo éste es un loco; si se ve menos lo que lo acerca a un verdadero teporocho y más lo que lo distancia, el lector podría ayudar al efecto preguntándose, por ejemplo, por la rareza de la situación.

    En cualquier caso el texto me parece muy bueno. Felicidades.

    Saludos y seguimos…

    • Fernanda dice:

      Muchísimas gracias Alberto. Me encantaron los comentarios, me dan muy buen norte sobre por dónde podría replantearse este texto. Ya que lo adecúe, se lo voy a regalar al Cuervo, se va a reír mucho.

  8. caskabel dice:

    Saludos Fernanda,
    Los comentarios, como tu cuento, son muy completos y acertados. Quizá tan solo puedo adicionar el hecho de que la voz narrativa es muy verosímil. Al leerlo me encontré hablando tal cual el Cuervo.😉
    Saludos.

  9. lizzava dice:

    A mí también me gustó mucho, yo sólo te recomendaría que le dieras una revisadilla a la redacción porque tiene algunos errores menores, pero que te hacen tropezar en la lectura.
    Me encanta lo creativa que eres.

  10. nierikadeldesierto dice:

    Fernanda:

    Wow!!
    ¡Que personaje tan chido! Yo creo que el lenguaje si puede variar muchísimo de un segundo a otro, yo también he visto mucha banda que de pronto tiene un lenguaje muy rico y de pronto se mimetiza con otro aspecto de su medio (incluso otro medio).

    Me encantó su venganza!!! No era para menos. Finalmente, ¿qué tanto es tantito?

    Saludos,

    Ana

  11. hermelindaneri dice:

    Hola Fernanda me gusto el titulo, me da la impresion de que la historia se mezcla como el humo y todo lo que le rodea cuando el huno se va dispersando en ese ambiente en que se encuentra el personaje, bueno eso es lo que a mì me causo tu relato. Gracias por todos tus comentarios durante todo el curso.Espero que continuemos en contacto. HASTA LUEGO.

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