Fundamentos

 

Alisma

 

Sonia entra al quirófano. Lo primero que percibe es la luz del lugar cayendo sobre su cuerpo. Una enfermera la toma de los brazos y le ayuda a acostarse sobre la helada plancha. Apenas hubo colocado su voluminoso cuerpo sobre ella, se le pide que junte los codos con sus rodillas hasta que alcance a adoptar una imposible posición fetal. Una vez acomodada, entra el anestesiólogo. Va a sentir una pequeña molestia, le advierte. Un segundo después, los dedos del doctor exploran su columna. Cierra los ojos. La aguja encuentra un perfecto escondite entre sus vértebras y un líquido frío empieza a trasladarse por su espalda. El dolor sobrepasa la pequeña molestia pero antes de que pueda acostumbrarse a él, desaparece.

Gira la cabeza y sus ojos se encuentran con el rostro de otra mujer que pasa en camilla frente a la puerta.

La mirada de Sonia regresa al quirófano y se concentra en la luz del techo. El espejo que enmarca la lámpara le permite ser testigo del ir y venir de los instrumentos y de los sistemáticos movimientos de los doctores.

Un incesante remolino de anhelos comienza a recorrerla; han sido demasiados los meses de espera. El anestesiólogo le indica que sentirá un ligero empujón en su vientre. Ella asiente y se prepara; aún con el cuerpo prácticamente insensible, advierte la presión de un par de manos sobre su abdomen. Una serie de apretones se producen. Finalmente, los movimientos cesan y se escucha un vigoroso llanto.

El anestesiólogo sale del quirófano de Sonia. Al hacerlo, se detiene y saluda a los doctores y enfermeras que pasan a su lado. Nota que la luz es más brillante que de costumbre. Voltea al techo y se da cuenta de que han cambiado las lámparas. Hace un intento por recordar cuándo fue la última vez que puso atención en los detalles del hospital. No lo sabe. Se frota las manos y se dirige al quirófano que se encuentra a un lado del de Sonia.

Sobre la plancha se encuentra Alma; acaban de colocarla en posición fetal. El anestesiólogo le indica que sentirá un ligero ardor en la espalda. Ella asiente y percibe un líquido glacial penetrar por cada rincón de su columna. La enfermera la toma por los hombros y la voltea. Los doctores entran y colocan una cortina que divide su cuerpo, alejando de su mirada todo aquello que sucede alrededor de su vientre.

Continuos temblores la sacuden. Escucha las indicaciones. Su atención está fija en el anestesiólogo que continúa a su lado; nota que le toma el brazo. Sentirá una presión en el abdomen, le dice. Antes de terminar de escuchar la frase, siente dos manos actuar de palanca sobre su cuerpo. La mano del médico la suelta y se dirige a inyectar un sedante en la aguja que le canaliza la vena.

El cuerpo de Alma se debilita. Los contornos a su alrededor empiezan a perder firmeza. Gira la cabeza y a su lado pasa un diminuto pedazo de ella misma, extinto. Un cuerpo que rodeado de silencio, permanece cubierto en una manta. Sus ojos se desvían hacia el techo y lo último que percibe es la luz del quirófano cayendo directa en su mirada.

6 respuestas a Fundamentos

  1. ange1ica dice:

    Hola Alisma:
    El tema es duro y sin embargo muy bien logrado, me gustan ambas historias; el texto es simétrico y la redacción muy buena.

  2. Eduardo De la Rosa dice:

    ¡Uy! Ya veía venir el final (pensando en eso de la simetría del texto), pero con todo y eso, se me erizó la piel. Que triste y contrastante esta última parte del cuento. Felicidades por el manejo de la simetría y por la ayuda indirecta para mí (aún estoy entendiendo esto de la simetría y tu ejemplo fortalece el provisto por Alberto). Saludos, Eduardo.

  3. Sigue mi ronda de comentarios. Hola a todos.

    Me parece que este texto de Alisma plantea bien la simetría pero me confunde un poco con el cambio de los puntos de vista, que básicamente son de tres personajes: las dos mujeres que vienen a ser imágenes contrastantes… y el anestesiólogo, cuyo papel no me queda claro. ¿Sirve darle el punto de vista? Si sólo va a ser el “fiel” de la balanza, digamos, el que señala el eje de simetría del texto, tal vez no sea suficiente. Lo dejo para que lo consideres, Alisma.

    (Otra cosa; esta frase: “Un oasis de temblores la atraviesa” me parece un poco problemática porque mezcla tres elementos disjuntos: el oasis, los temblores y la idea de movimiento o atravesamiento. No sé si es el mejor modo de explicar que los temblores la aliviaron porque los oasis están inmóviles y la idea de que un oasis atraviese a alguien es, por lo tanto, difícil de asimilar.)

    Saludos…

    • Alisma dice:

      Sí, totalmente de acuerdo, la frase no es muy afortunada, ji -por no decir que nada afortunada- al analizar cada una de sus partes; pensaré en algo más que la sustituya (bueno, ya lo hice).

      Muchas gracias😉

  4. caskabel dice:

    Alisma,
    Me pareció un buen texto. No solo que cumple el propósito del ejercicio sino que lo insinua con símbolos como las miradas, los espejos, ambas mujeres, etc. Me gustó el cambio de foco de la narración hacia el punto de vista del anastesiólogo. Creo que es el punto medio entre ^las dos anastesiadas^ (por decirlo de alguna manera) Las señales que él lee en las luces hablan de una tensión que me llevaron al clímax del cuento.
    Saludos,

  5. nierikadeldesierto dice:

    Hola Alisma:

    A mi también me gustó mucho tu texto. Al anestesiólogo lo veo como el eje de la simetría, aunque quizá si está de más darle voz. fuera de eso, hay varias imágenes que hacen un buen vínculo, como cuando se miran desde las camillas.
    Lo que me encantó fue como empiezas con la luz percibida en su incidencia sobre el cuerpo, y luego terminas el texto con la luz percibida cayendo sobre la mirada. Fue un buen par de límites en que enmarcas la simetría.
    Vientos!

    Saludos,

    Ana

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