El bisgato v2.0

Fernanda

Siempre hablo de mi abuela, porque fue un personajazo. Además de alcahueta y alivianada (como nueve de cada diez abuelas), era una esplendida narradora. Su mero mole eran los cuentos de espantos. Tenía un don para inventar personajes extraordinarios: almas en pena, fauna fantástica, ángeles insurrectos, bandoleros y otros portentosos malandrines que hacían las delicias de sus conversaciones.

Pa’ acabarla de amolar, todos sus personajes tenían que ser únicos. En sus historias no cabían la Llorona, el Coco, el Tlacuache ni los hombres lobos, pero nos ponía los pelos de punta con la historia de su tía y el afilador, la de una planchadora a la que había arrollado el tren o la del sargento decapitado que desbocaba su caballo sobre los paseantes. Cuando con portábamos un poquito mal nos decía, como parte de una perpetua amenaza, que si la hacíamos enojar, vendría por nosotras un bisgato.

El bisgato es un ancestro milenario del gato moderno. Su tamaño es tres veces más grande que el de su bisnieto doméstico. Es un animal huraño y dueño de una sabiduría no comparable con la de ningún otro ser conocido o por conocerse. Su inteligencia supera a la del más reconocido de los eruditos humanos. Entre las muchas artes y ciencias que domina, están la de la invisibilidad y la de la telepatía. Es capaz, además, de vivir sin probar alimento más que una vez al año y el agua que beben es la que hay en el ambiente. Como buenos telepatas sus bibliotecas flotan en el aire y no están al alcance más que de sus ondas cerebrales. Son listos y sensatos, por eso desde hace siglos optaron por la invisibilidad como su forma permanente de vida. Entendieron que les sería difícil convivir en calma con una especie como la nuestra.

No sólo porque somos insufribles, sino porque (acá entre nos) les encanta comer carne humana. Afortunadamente, como sólo comen una vez al año, han aprendido a escoger de entre el inagotable rebaño que tienen a su alcance, a personas mal portadas, que seguramente no serán tan echadas de menos como aquellas que llevan una vida noble. “Que no los engañen” decía mi abue “los niños no se pierden nunca, cuando no encuentren a uno, es porque se lo merendó un bisgato”.

Cuando crecí, entendí que los personajes de mi abuela no eran sino el producto de su muy desarrollada imaginación, sin embargo aun ahora, cuando hago una travesura, no puedo evitar sentir, sobre mi espalda, unos ojos felinos que me observan en silencio, esperando un pretexto para hincar colmillo.

5 respuestas a El bisgato v2.0

  1. Alisma dice:

    Ay, me gustó este bisgato -una muy necesaria variante del ya muy desgastado “coco”-. Ji, y a tu abuelita ya siento que la conozco…

    Saludos😉

  2. dubriel dice:

    Hola Fernanda
    La historia de la abuela me hizo recordar a mi padre, que también solía contarnos una serie de relatos de espantos.
    La frase “los niños no se pierden nunca, cuando no encuentren a uno, es porque se lo merendó un bisgato”
    me aterra, aunque sea yo adulto.
    ¿Que pasaría si en el relato se omitiera el último párrafo?
    Saludos

  3. ange1ica dice:

    Hola Fernanda:

    Este bisgato me gusta, el chiste de los cuentos de ficción es que mientras uno los lee, puedes creerlo.

  4. nierikadeldesierto dice:

    Hola Fernanda:

    Está padrísimo tu relato. Como a Dubriel la frase de que los niños no se pierden nunca, también me puso los pelos de punta.
    También me gustó mucho la imagen de las bibliotecas flotantes; muy metafísica pero muy bella.

    Tienes un pequeño error de dedazo:
    “Cuando con portábamos un poquito mal nos decía” En vez del “con”, pon “nos”.

    Saludos,

    Ana

  5. Sigo con mis comentarios breves…

    Me gusta la forma en la que la ficción se engrana con el personaje de la abuela (pues en este caso se convierte en personaje, participa en el texto y juega un papel que la persona real probablemente no jugó).

    Una observación al margen sobre conceptos: todos los cuentos son ficción. La ficción es simplemente la invención de historias. Estas pueden contar hechos semejantes a los de la vida real o pueden contar otros que no se le parezcan en nada, y en cualquier caso es necesario que el lector acepte creer, al menos mientras lee, en lo que el texto está comentando.

    Saludos…

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