Lo prometo…

-Ana-

Las caricias de la mañana entran por su ventana. Casi en un gesto automático, está a punto de salir disparada de la cama. Si ya le pega el sol en la cara es porque ya se le hizo tarde. Pero de pronto recuerda que es domingo. Su vida acelerada le lleva a confundir todos los días en la misma maraña gris. Extrañamente el día está lleno de una nueva frescura. “Lo prometo”- recuerda esas palabras con las que se despidió anoche de Janez- Bueno, hoy será un nuevo día-.

Alegre, se estira con un plácido gesto felino y sonríe. Se siente renovada, motivada… Sale de la cama y se prepara un café. Los cafés de los domingos al despertar siempre le saben más ricos, porque saben a la calma que anuncia una caminata sin preocupaciones. Pero en cuanto da el primer sorbo, sabe que algo le falta. –Caray, esto será más difícil de lo que pensé-. Después de media taza, lo tira. Empieza a sentir un ansia que sale de sus entrañas. –Necesito un poco de aire, con eso me sentiré mejor-

Toma un baño y sale a caminar por la Alameda, el día promete mantener un cielo azul. Eso le agrada, es una promesa de pureza. Pero no dura mucho; ve una banca, se sienta, se levanta, se sienta en otra, voltea a un lado, voltea al otro, se suelta el cabello, se lo amarra, se toca los labios, se acaricia los brazos, se muerde las uñas, se levanta de nuevo, camina, ve un museo y entra. -Esto seguro me distrae- La primer sala le agrada, la pintura es sencilla, no atormenta. Avanza un poco y la sala de exposiciones temporales presenta a un nuevo artista de Guadalajara, “Promesas de humo” se llama la exposición. No la tolera y sale.  Siente hambre pero no quiere desayunar porque le teme a la sobremesa, así que se conforma con un vasito de fruta que compra en la esquina donde está Correos. Se lo come camino a su casa; ya se hartó de estar afuera.

Entra y su casa huele distinta, no sabe si eso le gusta. Se sienta en el sofá que le heredó su abuela y lee. Pero no logra terminar ni un capítulo, al libro le falta lo mismo que al café y que al desayuno. Se enoja consigo misma y cuando se mira en el espejo, ve que su rostro ha cambiado, tiene el ceño fruncido y la mandíbula apretada. –Lo prometo, lo prometo, lo prometo- Esas malditas palabras en ese maldito impulso de complacer a un hombre que en el fondo no quiere.

-¿Quién se cree que es para decirme que hacer?, ¡Es mi vida y yo hago lo que quiera con ella!- Arrepentida por sus pensamientos llora como hace mucho no lloraba. Del cansancio se queda dormida, las últimas palabras que piensa antes de dormir son –Lo prometo-, y se duerme con la sonrisa de un nuevo intento… No puede dormir más de media hora, da vueltas en la cama, se tapa, se destapa, se levanta, va al baño, regresa a la cama, cierra los ojos, los abre, mira al techo, acomoda la almohada, la voltea para que esté fría, cierra los ojos, de nuevo los abre, avienta las cobijas y se levanta. Camina, se sienta, regresa a la cama, prende la tele –Puras estupideces como siempre-, la apaga, retoma el libro, lo deja, sale al balcón, regresa y se sienta en la mecedora, se mece durante dos horas mirando fijamente la pared…

…Con un poco de culpa y un poco de enojo se resigna, estira la mano, abre el cajón y saca un cigarrillo. Lo prende, da el golpe y lo mantiene; exhala el humo sintiendo cómo se relaja su rostro, sus pensamientos y su día….

–Mañana lo dejo, lo prometo-

9 respuestas a Lo prometo…

  1. ange1ica dice:

    Hola Ana:

    Me gustó, tu ejercicio logra reflejar la angustia que acarrea la abstinencia. Aunque en el fondo veo algo mas que eso, una vida rutinaria, aburrida, con alguien con quien no quiere estar; se podría aplicar la famosa frase “conócete a ti mismo”; porque sin ello somos lo mismo una y otra vez, pero sin saber porque

  2. dubriel dice:

    Me gustó el final, fue sorpresivo. Yo estaba pensando que iba a dejar a su pareja sentimental.
    Saludos Ana

  3. Hola. Siguen mis comentarios…

    En este caso, si se fijan, resumir la historia y dejarla en la anécdota sería destruirla, porque el final quiere ser sorpresivo: que no se sepa qué es lo que va a dejar sino hasta el último momento. Con eso se ilustra otra diferencia que hay que tener en cuenta entre trama y anécdota: ésta no siempre tiene que quedar explícita y clara desde el principio, y la trama puede retrasar su revelación para producir, por ejemplo, un efecto de asombro.

    Pasando a otra cosa, además de que hace falta revisar la redacción (y sobre todo la puntuación), a lo mejor se podrían “apretar” los dos primeros párrafos; hay muchos más sucesos en los últimos y esto provoca una disparidad de ritmo.

    Saludos y seguimos…

  4. Alisma dice:

    Ana:

    Me gustó mucho… de verdad que mi mente andaba por otros rumbos. Sentí la desesperación de la mujer y eso que no fumo, ji.

    Saludos😉

  5. lizzava dice:

    ¡¡¡¡aaaahhhh, muy bueno!!!!, me desesperó mucho esa mujer.

  6. Eduardo De la Rosa dice:

    Jejeje, yo pensé que se trataba de una mujer sola que tenía un hueco emocional y no se hallaba. Sin duda éste pudiera ser unos de los motivos de su apego a la droga ¿no? Me encantó el final, fue sorpresivo. Saludos, Eduardo.

  7. nierikadeldesierto dice:

    Hola todos:

    Gracias por sus comentarios. En efecto, mi inteción es que fuera un poco sorpresivo.
    Quería reflejar la abstinencia y la deseperación con enunciados muy breves, para que fueran ideas un tanto cortadas y violentas, como a veces es la desesperación.

    No sé si por ahí va el problema con la puntuación Alberto. Me ayudaría mucho saber en que puedo corregirla. ¿Muchos puntos, comas? ¿Me faltan?

    En el caso de la disparidad de ritmo, fue un tanto intencional. Al principio está tranquila y motivada porque va a dejar de fumar, pero conforme avanza el día, se da cuenta que no es fácil y se empieza a desesperar y a acelerar. EL texto incia con una narración tranquila como ella y se acelera del mismo modo en que su necesidad se acelera. No sé si condensando los primero párrafos lograría el mismo efecto. Quizá debería cambiar algunas palabras o algo, no sé.

    Saludos a todos.

    Ana

  8. caskabel dice:

    Ana, parece que para cada lector la experiencia es diferente. “Promesas de humo” me hizo adivinar el final, aunque eso fue lo de menos porque lo mejor para mi fue cómo logras el éxtasis del golpe final. Es decir que sentí el alivio de esa tensión apremiante que acumula la narración. Saludos,
    Alejandra.

  9. nierikadeldesierto dice:

    Alejandra:

    Si, había algunas claves que indicaban de que se trataba todo. El nombre de la exposición era una de ellas…

    Te agradezco mucho tu comentario, que bueno que se sintió el alivio.

    Saludos,
    Ana

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