El sargento

Fernanda

Una tarde, el soldado y el dragón estuvieron tomando vodka. Durante la tertulia, y mientras conversaban sobre la generosidad, el dragón le contó a su amigo la siguiente historia:

“Un sargento, después de haber cumplido durante treintaicinco años servicio en el ejército del zar, pidió licencia con la intención de conocer el mundo y buscar fortuna. En su juventud, fue un hombre justo y prudente, pero conforme pasaron los años, su buen ánimo se tornó en resentimiento. Se sentía viejo y creía que a pesar de sus esfuerzos, no había alcanzado en su carrera militar las glorias que lo llevarían a general ni los laureles que le granjearían una esposa rica. Cuando lo sorprendió el rencor se dedicó a aprovecharse de todos cuantos pudo.

Una vez que le fue concedida la licencia, emprendió su marcha con una alforja bien suministrada de provisiones y cien rublos que había burlado a un valiente soldado. Anduvo largo tiempo, acrecentando de triquiñuela en triquiñuela el modesto patrimonio que cargaba sobre los hombros. Más temprano que tarde, su deambular lo llevó a la tundra.

Allí se encontró con un anciano de blancas barbas que le pidió ayuda. Aquel viejo llevaba varias semanas comiendo solamente musgo y otras hierbas de la región, por lo que experimentaba un hambre atroz. El sargento, que llevaba en su alforja un buen abasto de panes, se negó a ayudar al necesitado por mera caridad. Solamente lo alimentaría si pagaba bien por la comida. El anciano tenía por única pertenencia una formidable moneda de oro, suficientemente grande para comprar cien veces el contenido de la alforja del ruin oficial, sin embargo, éste admitió darle sólo un pan a cambio de aquel tesoro.

En cuanto el anciano satisfizo su apetito y hubo devorado hasta el último mendrugo, se transformó en un dragón de seis cabezas y se elevó en el aire con el sargento entre sus garras.  Al llegar a su palacio lo arrojó en una olla donde, a fuego lento, estaría condenado a pagar por su mezquindad, convertido en el ingrediente clave del más exquisito kasha que habría de probarse en toda Rusia.”

El soldado escuchó con atención la narración de su camarada seguro, por lo que había visto en la olla que cuidaba, de que se trataba de una historia tan cierta, como el calor con el que el vodka le estaba calentando las mejillas.

11 respuestas a El sargento

  1. Alisma dice:

    ¡Hola, Fernanda!

    Un gusto también encontrarte por estos rumbos. Me gustó mucho tu texto, de verdad no sé qué le corregiría. Quizá sólo el acento en “atróz”, fuera de ese detalle, me encantó conocer el modo en que el sargento terminó como un ingrediente más del tan alabado kasha.

    Un abrazo.

  2. dubriel dice:

    En la frase donde dice:
    Anduvo largo tiempo, acrecentado de triquiñuela en triquiñuela el modesto patrimonio…

    ¿no sería mejor acrecentando de triquiñuela en… ?. porque es una acción que aún no concluye.

  3. Ciertamente. Gracias a los dos por hacerme ver esos horrores, digo, errores. Los corregiré ya mismo.

    Me gusta el taller, camina lento pero, como habría dicho Galileo, “Sin embargo, se mueve”.

  4. lizzava dice:

    Hola Fernanda. Sí, el taller va un tanto lento, ¡pero no sabes cómo lo agradezco!, jajajaja. Estoy feliz de poder compartir con ustedes textos y opiniones a pesar de tener un ritmo de vida de lo más acelerado.

    Pero, pasando a tu texto que es lo más importante. Me gustó mucho, se nota que este tipo de cuentos te motivan mucho. Sólo te diría que probaras reducir el número de adjetivos calificativos que tienes en tu primer párrafo, o bien, dar más espacio entre ellos.

    ¡Buenas noches!

  5. nierikadeldesierto dice:

    Hola Fernanda.

    Me gustó muchísimo tu texto.
    Una pequeña correción es que -treintaicinco- se escribe -treinta y cinco-.
    Me gustó mucho ver una faceta distinta de la historia, la del sargento (aunque creo que el ejercicio era más bien acerca del soldado. Lo que no sé es que parte agregarías esta narración y cómo la unirías en la historia.

    Fuera de eso, te felicito.

  6. Eduardo De la Rosa dice:

    Hola Fernanda, antes que nada te felicitó por inyectarle entusiasmo al curso!! Me parece muy padre que tengas un blog y que ahora hasta una columna en el periódico (ya habrá chance de darles una leída). El curso creo que va tomando un mejor ritmo, me parece que al principio nos estábamos adaptando mas a la tecnología que a la dinámica (por lo menos yo …jeje). Tu relato me gustó, no se porque pero me recordó aquella película del viejo cine Mexicano “Macario” con Ignacio López Tarso. Saludos !!!

  7. Gracias Eduardo. De hecho la historia de Macario está basada en un viejísimo cuento popular ruso, en el que un diablo con una alforja mágica le da a un soldado una esfera para ver dónde se para la muerte. Si es en la cabecera, es muerte inminente, si es a los pies, es sanación. Igual se hace curandero, pero en el cuento ruso, en vez de la tragedia de Macario, el soldado engaña a la muerte haciéndola entrar en la alforja mágica y encerrándola allí por un buen tiempo. Me encantaba ese cuento.

    Liz tienes brillante razón, he abusado del hermoso recurso de los útiles adjetivos calificativos. Je, je, je… Borraré algunos.

    Muchísimas gracias Nierikadeldesierto… según yo 35 se escribe indistintamente “treintaicinco” o “treinta y cinco” y me gusta más como se ve la primera. En todo caso debo revisar. Si se salíó de la historia del soldado verdad… oops!

  8. Hola a todos, buenos días. Empiezo aquí con mi propia ronda de comentarios de los textos de ustedes (en general prefiero esperar hasta el final de cada turno, digamos) y a lo largo del día diré algo sobre cada uno de ellos. Desde luego, todo lo que decimos en este espacio es para que el autor o autora del texto lo considere pero no para que lo acepte obligatoriamente.

    Este texto de Fernanda me parece interesante porque aborda el momento más desconcertante del cuento original: la aparición del sargento, de pronto, en la olla de kasha. Este es un momento mágico en el original porque es totalmente inesperado, y aquí, aunque se le da una causa, la aparición del dragón impide que se vuelva trivial.

    Concuerdo con el comentario de que sería difícil insertar este texto en el cuento original. No tendría que hacerse, desde luego, pero la razón por la cual sería difícil es lo importante: por supuesto, lo que sucede es que el protagonista de la historia ya no es el soldado, sino el sargento, e introducir un segundo protagonista en el cuento original podría dar una nota falsa. Pero ya hablaremos más sobre personajes y sus funciones.

    Gracias, Fernanda, por ser la primera y entregar un texto juguetón y con imaginación. Seguimos…

    • Oops! Ni como ayudarme. Ciertamente la historia debía ser sobre la vida del soldado, no la del sargento ¡Me resbalé! Lo malo es que para corregir una regada de ese tamaño tendría que hacer otro ejercicio, así que tendré que apechugar. Tal vez se medio arregle iniciando con algo así como:

      “Una tarde, el soldado y el dragón estuvieron tomando vodka. Durante la tertulia, y mientras conversaban sobre la generosidad, el dragón le contó a su amigo la siguiente historia: …”

      Al final, le pondría algo así como:

      “…El soldado escuchó con atención la narración de su camarada seguro, por lo que había encontrado en la cocina del dragón, de que se trataba de una historia tan cierta, como el calor con el que el vodka le estaba calentando las mejillas.”

      Muchísimas gracias por los comentarios T-shirt. El taller ha sido maravilloso.

  9. caskabel dice:

    Hola Fernanda,
    Un poco tarde pero aquí te van mis comentarios. Me pareció una narración con una estructura y una redacción muy bien logradas. No estoy segura si no hay forma alguna de conectarlo, como un paréntesis, en medio del cuento del soldado en el cual se explique porqué el sargento aparece en el kasha (todo esto sin que el soldado pierda su protagonismo).
    Considero además que tu propuesta tiene el tono adecuado de un cuento ruso.

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